Al borde del mar infinito, se yergue escondido en el tiempo, un castillo, construido con ideas ingenuas que ocultan secretos que a pocos interesan.

Tras cortinas vaporosas y viejos muros, se halla siempre abierta su puerta esquiva. Dentro, algunos encontrareis consuelo; otros sin embargo solo una ilusión ajena que os hará perder un valioso tiempo entre sus vacíos corredores.

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viernes, 19 de febrero de 2010

CHARLES DICKENS Y SU TIEMPO



LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

Pocos periodos históricos son tan importantes para la historia del hombre, como el que produjo a todos los niveles la revolución industrial. Hasta cierto punto, actualmente vivimos aun bajo las consecuencias de este drástico cambio, que ha vuelto complejas a casi todas las manifestaciones sociales y económicas de nuestro tiempo.


Ya en el siglo XVIII, en los albores del despegue industrial. El ciudadano Británico de clase media, se sentía orgulloso y sorprendido por las mejoras que este nuevo sistema económico aportaba a la sociedad, la producción, y sobretodo a su bolsillo. Fueron momentos de gran optimismo, pero de alguna forma y aun es patente en los tiempos que corren, la consciencia del progreso parece generar una sólida e ingenua fe en el futuro.


Estableciendo una analogía entre los primeros tiempos de avance industrial y las actuales mejoras; la principal intención de esta actividad es conocer el coste a nivel humano que tuvo esa evolución, descubrir la obra de un autor clásico como es Dickens, practicar el Inglés gracias a un texto original y promover una visión crítica de la historia, que además se expanda a la situación presente.

Graficas que muestral el incremento de la produccion. Las imagenes no tienen comentarios, porque no creo que los necesiten.

Como he mencionado, la revolución industrial marcó la transformación más fundamental experimentada por la humanidad en la historia del mundo y registrada en documentos escritos. Durante un corto periodo de tiempo, esta revolución coincidió con la historia de un solo país: Gran Bretaña. A su alrededor, se construyó todo un emporio económico y un sistema que pronto, todos querrían imitar. Esta situación, día a Gran Bretaña un poder e influencia temporal, pero desconocido por ninguna otra nación de sus dimensiones. De ser un simple país más, se convirtió en la fabrica del mundo, la única y masiva importadora y exportadora, el único e indiscutible poder naval que además, había forjado un vasto imperio comercial. Especialmente, era el único país con una política mundial propia. Ser pionera en un paso tan importante para la historia de la humanidad, marcaría el orgullo Británico muy profundamente, de una forma que incluso a día de hoy es apreciable en el carácter de sus habitantes.


En las gráficas podemos ver la importancia de la producción Británica a principios del siglo XIX, sobretodo a partir de 1850.

El algodón marcó el cambio industrial y abrió el nuevo camino hacia el capitalismo, basado en un nuevo sistema de producción: Las fábricas. Manchester por ejemplo, concentró una gran cantidad de empresas de manufactura, y en pocos años llegó a multiplicar por diez su tamaño. La población también creció de forma sorprendente:


Gracias a su rápida mecanización, el algodón propició el uso masivo de trabajadores baratos, especialmente de mujeres y niños. Sin duda, este acumuló más capital que el resto de industrias, y también estimuló la revolución química y tecnológica desde 1820 a 1845.


Los granjeros se mudaban a las ciudades, incapaces de competir con el reciente sistema de terratenientes que no paraban de anexarse tierras, para usar las nuevas técnicas de cultivo y multiplicar la producción. La población creciente se usaba como mano de obra barata en las fábricas. El proceso de urbanización espoleó la producción de carbón, que llegó a incrementarse hasta en un 50%. El uso de carbón vegetal, fue sustituido por el mineral gracias a los avances en la extracción de las minas. Esta mejora, se debió al motor de vapor de J. Watt, que sería usado posteriormente en los nuevos medios de transporte, como el ferrocarril y el barco de vapor. La guerra y la fabricación de maquinas colosales, multiplicaron la producción del hierro y consolidaron la metalurgia como una nueva y poderosa industria.

Todo se desarrolló igual que en una reacción en cadena. Todos los elementos se unieron poco a poco para propiciar la evolución. El racionalismo y la aritmética se consolidaron como herramientas esenciales en pos del progreso y un creciente optimismo en el futuro. Era evidente que el ser humano prosperaba, la natalidad crecía, la tecnología se perfeccionaba, los transportes redujeron impensablemente las distancias y la producción superaba ampliamente la demanda.



Pero mientras que los terratenientes y la creciente clase media se llenaba los bolsillos y vivían holgadamente lejos de la polución que sus fabricas producían, los pobres solo podían crear un hogar en las ciudades, ya que la Reina Elizabeth prohibió tener o construir una casa de campo si no se tenían al menos cuatro acres de tierra. Así nacieron los suburbios, las ciudades se llenaron con el humo desorbitado de las fabricas, y una contaminación de agua y atmosférica desmedida, que en su tiempo acabo con miles de vidas. Esos elementos añadidos a las condiciones de vida inhumanas, produjeron muchas epidemias y problemas tanto respiratorios como estomacales.


Los niños tenían turnos de doce horas de trabajo, llegando a usarse en las minas para acceder a lugares especialmente angostos o en trabajos incómodos y rutinarios, que acababan por producirles deformidades en sus delicados miembros. Las mujeres trabajaban tanto como los hombres, pero con un sueldo mas bajo; y a causa de esa igualdad laboral, se pensaba que los hombres podían cobrar menos pues si toda la familia trabajaba y encima había excedente de trabajo, los salarios podían descender de forma considerablemente proporcional a los ingresos.


Un clérigo escribió sobre Manchester, que no había en ninguna otra ciudad del mundo, donde la distancia entre los pobres y los ricos fuese tan difícil de cruzar. Algunos escritores escribieron sobre lo esperanzador del progreso humano, alababan la edad de la maquina, o soltaban extensas diatribas sobre el milagro económico de la clase media y su sistema. Pero otros no opinaban igual. Las ciudades llenas de humo no dejaban pasar la luz, permaneciendo siempre en tinieblas. Esa visión infernal de mugre y desolación hacia preguntarse a otros, si las grandes urbes no eran una maldición en vez de la bendición que anunciaban los periódicos.



LA CIUDAD DESTRUYÓ LA SOCIEDAD

Los escritores Victorianos se dividen generalmente en dos facciones. Los que opinaban abierta y firmemente, que la humanidad siempre avanzaba hacia la perfección, como Thomas B. Haculay y Herbert Spencer, basando sus observaciones en el desarrollo industrial de Inglaterra. Y los que decían que la industrialización era un atroz retrogresión, como los ensayistas Carlyle, Ruskin y Morris; escritores como K. Marx y Engels, y novelistas como Kingsley y especialmente Charles Dickens, que desde una perspectiva más moderada criticó algunos aspectos del nuevo industrialismo.


Dickens escribió muchas novelas, pero la que mejor expone el salvajismo y miserias de revolución industrial fue ‘Tiempos Difíciles’, publicada en 1850. Dickens tenia en mente el periodo de hambruna que azoto a los años 40, un periodo difícil y angustioso de la historia política y social Británica.

Charles Dickens empezó su carrera literaria como periodista y ayudante tipográfico del parlamento, por ello tenia una conexión muy cercana con la realidad. Escribió ampliamente sobre lo que se llamaba la cuestión de las dos naciones/Inglaterras (La pobre y la rica) Como gran observador y sufridor en su tierna infancia, de la desoladora disciplina de las fábricas y su consternación al ver como acarreaban una perdida de la identidad personal, Dickens profundizó aun más en el problema, llegando a establecer un paralelismo con el cruel sistema escolar.


Tras una introducción como esta, podríamos a pasar a leer en clase los textos en Inglés, aunque en este caso y para facilitar su comprensión, usaré un par de extractos en Español del primer y quinto capitulo, para su posterior análisis y debate con los alumnos.



LA SIEMBRA

CAPITULO I

LAS ÚNICAS COSAS NECESARIAS

‘-Pues bien; lo que yo quiero son realidades. No les enseñéis a estos muchachos y muchachas otra cosa que realidades. En la vida sólo son necesarias las realidades. No planteéis otra cosa y arrancad de raíz todo lo demás. Las inteligencias de los animales racionales se moldean únicamente a base de realidades; todo lo que no sea esto no les servirá jamás de nada. De acuerdo con esta norma educo yo a mis hijos, y de acuerdo con esta norma hago educar a estos muchachos. ¡Ateneos a las realidades, caballero!

La escena tenía lugar en la sala abovedada, lisa, desnuda y monótona de una escuela, y el índice, rígido, del que hablaba, ponía énfasis en sus advertencias, subrayando cada frase con una línea trazada sobre la manga del maestro. Contribuía a aumentar el énfasis la frente del orador, perpendicular como un muro; servían a este muro de base las cejas, en tanto que los ojos hallaban cómodo refugio en dos oscuras cuevas del sótano sobre el que el muro proyectaba sus sombras. Contribuía a aumentar el énfasis la boca del orador, rasgada, de labios finos, apretada. Contribuía a aumentar el énfasis la voz del orador, inflexible, seca, dictatorial. Contribuía a aumentar el énfasis el cabello, erizado en los bordes de la ancha calva, como bosque de abetos que resguardase del viento su brillante superficie, llena de verrugas, parecidas a la costra de una tarta de ciruelas, que daban la impresión de que las realidades almacenadas en su interior no tenían cabida suficiente. La apostura rígida, la americana rígida, las piernas rígidas, los hombros rígidos..., hasta su misma corbata, habituada a agarrarle por el cuello con un apretón descompuesto, lo mismo que una realidad brutal, todo contribuía a aumentar el énfasis.


-En la vida, caballero, lo único que necesitamos son realidades, ¡nada más que realidades! El orador, el maestro de escuela y la otra persona que se hallaba presente se hicieron atrás un poco y pasearon la mirada por el plano inclinado en el que se ofrecían en aquel instante, bien ordenados, los pequeños recipientes, las cabecitas que esperaban que se vertiese dentro de ellas el chorro de las realidades, para llenarlas hasta los mismos bordes.’

Desde el primer momento, vemos como el sistema escolar redunda constantemente en los hechos. Hechos, hechos, hechos… repetidos en mayúsculas, como si fuera un Dios. La repetición monótona es como el trabajo en la fábrica, solo memorizar una rutina y repetirla como una maquina sin alma.


Si se observa la descripción del colegio, es igualmente plana, monótona y guarda muchos paralelismos con la ciudad industrial. De alguna forma, la escuela se asemeja a una fabrica también por la descripción de su funcionamiento, solo que esta produce otro tipo de bienes: niños.

No hay elaboración ni ideas propias, el temor a una revolución como en Francia quizá podría explicar esta perspectiva, pero peculiarmente curiosa es la descripción geometrica de las personas, critica y a la vez divertida. La repetición de ‘cuadrado’ acentua de hecho, la apariencia de una persona sin sentimientos, poco animada y dura.

R.C. Churchill ya dijo una vez, que ‘En el campo de la comedia pongo a Dickens sobre Shakespeare, Ben Johnson o Fielding, aunque reconociendo, como el mismo Dickens hizo, que les debia mucho a todos ellos’

La forma en que se juega con las palabras es muy brillante, y la critica del sistema de educación utilitario muy efectiva, original y accesible. Sin sentimientos, solo memoria y unidades, no individuos.


CAPITULO V

LA NOTA TÓNICA

Coketown, hacia donde los señores Bounderby y Gradgrind caminaban ahora, constituía el triunfo del realismo; estaba esa población tan horra de fantasía como la mismísima señora Gradgrind. Vamos a dar la nota tónica de Coketown antes de empezar la canción.

Era una ciudad de ladrillo rojo, es decir, de ladrillo que habría sido rojo si el humo y la ceniza se lo hubiesen consentido; como no era así, la ciudad tenía un extraño color rojinegro, parecido al que usan los salvajes para embadurnarse la cara. Era una ciudad de máquinas y de altas chimeneas, por las que salían interminables serpientes de humo que no acababan nunca de desenroscarse, a pesar de salir y salir sin interrupción. Pasaban por la ciudad un negro canal y un río de aguas teñidas de púrpura maloliente; tenía también grandes bloques de edificios llenos de ventanas, y en cuyo interior resonaba todo el día un continuo traqueteo y temblor yen el que el émbolo de la máquina de vapor subía y bajaba con monotonía, lo mismo que la cabeza de un elefante enloquecido de melancolía. Contenía la ciudad varias calles anchas, todas muy parecidas, además de muchas calles estrechas que se parecían entre sí todavía más que las grandes; estaban habitadas por gentes que también se parecían entre sí, que entraban y salían de sus casas a idénticas horas, levantando en el suelo idénticos ruidos de pasos, que se encaminaban hacia idéntica ocupación y para las que cada día era idéntico al de ayer y al de mañana y cada año era una repetición del anterior y del siguiente.

Esta descripción de la primera ciudad industrial por un hombre que la conoció tan sumamente bien, es impagable. Hay una constante repetición de la palabra ‘mismo’, para acentuar la monotonía, reiteración y de envolvente oscuridad (como negro, río negro…)


La comparación con animales de la jungla, deja ver que la ciudad no es algo civilizado sino salvaje. La serpiente se compara al humo, pues Snake – Smoke son palabras aliterativas en inglés, reafirmando el vínculo entre los dos conceptos y además, dejando entrever que el mal encarnado por la serpiente bíblica se ha transmutado en el nuevo mal que el hombre estrena en ese siglo, la contaminación.

El elefante es un animal que se compara a las grandes maquinas industriales. Pero el gran mamífero, un animal pausado y nómada, difiere de las grandes maquinas se agitan frenéticamente realizando la misma tarea una y otra y otra vez, sin moverse del sitio. Este gran uso de comparaciones y palabras, deja al lector con una impresión de locura y el contraste de ideas sugiere que estos conceptos industriales son opuestos a la vida.

A pesar de las críticas sutiles al sistema utilitario, Dickens no aboga por ningún tipo de revolución. Su principal intención es encontrar un punto de encuentro entre el trabajador y el empresario, y que la filosofía industrial no destruya las vidas de las personas. Para ello, Dickens se vale del melodrama, el didactismo y el entretenimiento. Siempre confiado por su fe religiosa, en que el entendimiento y la caridad Cristiana finalmente solucionaran esos problemas de forma justa.


Dickens puede gustar o no, pero sin duda en su tiempo, recordó a la gente la importancia de volver al autentico liberalismo y que Inglaterra se había dejado atrás dos palabras del lema revolucionario que tanto sedujo a los intelectuales en sus comienzos, dejando solo la libertad, para olvidarse de Igualdad y Fraternidad. En Hard Times (Tiempos Difíciles) hace especial hincapié en la igualdad, pero el resto de sus libros están mayormente impregnados del espíritu cristiano de fraternidad.


Ruskin dijo una vez de él, que sus caricaturas, aunque a menudo demasiado grotescas, nunca estaban equivocadas ni eran gratuitas. Permitiéndose a costa de ellas, recordarnos que es lo correcto. Ruskin se lamentaba que a pesar de que su enfoque era enseñar al público divirtiéndolo, a veces Dickens debería enfocar su obra a un análisis más preciso y severo de los males de su época. Pues Mr Bounderby es un monstruo dramático, cuando para Ruskin debía ser un capataz de fábrica como tantos otros; y Stephen Blackpool es un perfecto personaje dramático, en vez de uno de los muchos trabajadores honestos que poblaban las fabricas.

Al ver las caras de sufrimiento de esas personas, y saber que lucharon jugandose las comidas de sus hijos por conseguir derechos que ahora damos por sentado, da que pensar sobre los tiempos actuales.

Hippolyte Tain alabó y diferenció claramente los personajes de Dickens, que se dividían en personas que tienen sentimientos y personas que no los tienen. Usando este recurso dramático, Tiempos difíciles contrasta las almas que la naturaleza crea, con aquellas que la sociedad deforma. Para ella, Dickens exalta el instinto sobre la razón, la intuición sobre la ciencia y ataca a la educación edificada sobre estadísticas, figuras y hechos. También satiriza los abusos de la sociedad y elogia a los personajes de naturaleza oprimida y pura.


G.B. Shaw, Karl Marx, Carlyle y Ruskin se alzaron en contra de la misma civilización, lcombatiendo la enfermedad moral, declarando abiertamente que no eran los disturbios ni los desordenes de la sociedad, sino su orden, el autentico problema. Lo horrible no eran los criminales ni ladrones, sino los magnates que robaban y aniquilaban familias enteras sin reparo alguno. No es solo la culpa de Tom Gradgrind (personaje de la Hard Times) la que debe ser demolida, sino la de todo el sistema social.


Ante la complacencia ingenua y poco interesada en asuntos sociales de muchos estudiantes, creo que una visión crítica como la de Dickens y sus sucesores, todos luchadores por la mejora de la sociedad y creadores del mundo en que ahora vivimos; puede ser enriquecedora. Máxime en los tiempos de crisis que corremos, y que deberían invitar a un debate y reflexión social mas activa por parte de todos y cada uno de los ciudadanos.



Escrito por Ignacio Platero

jueves, 18 de febrero de 2010

ORGULLO Y PREJUICIO

La pareja perfecta para Jane Austen



En los tiempos que corren, veo como muchas jóvenes estudiantes decoran sus carpetas con fotos de sus chicos cinematográficos favoritos o cantantes de pop. Todos hemos sido jóvenes y en mi caso en particular, se como la concepción del amor, las ideas ingenuas y las altas expectativas que tenía sobre la media naranja, estaban excesivamente inflamadas por la falta de experiencia y mi imaginación.


Este ejercicio usa la obra de Jane Austen: Orgullo y Prejuicio, para practicar el Inglés y descubrir autores clásicos británicos a los alumnos.


No quiero decir que haya que ver el amor y el compromiso como algo en lo que no tener esperanza, perspectivas o pensamientos románticos; pero cada vez que veo alguna de esas películas de amor pre-cocinadas que entusiasman a las chicas del instituto, pienso que quizá de alguna forma, ese esquema tan idílico y simple, generador de referencias para futuras relaciones en sus mentes vírgenes, pueda ser perjudicial para que más adelante, ellas y sus parejas sean capaces de afrontar los problemas comunes y medir sus diferencias en la realidad.


Elisabeth, Jane y sus hermanas en la última adaptación cinematografica de Orgullo y Prejuicio.


Como persona, creo que estos ejemplos pueden ser negativos a largo plazo. Como docente, sabiendo que la literatura es el mejor paliativo de todo mal, conozco autores que tratan con mayor penetración y calidad, el principal problema que atormenta a los adolescentes: el amor. A pesar de que su estabilidad emocional en muchos casos les sea aun lejana, un buen profesor debe saber como tomar partido de los intereses de sus alumnos, para enseñarles las dos principales lecciones que creo, un maestro puede obsequiar a sus pupilos sea cual sea su especialidad: El amor por la lectura, y un sincero interés por aprender y reflexionar, aun cuando ya no esté el profesor para animarle.


Versión recomendada para esta actividad por su pronunciación británica y fidelidad a la obra, aunque su duración es quizá excesiva y haría más asequible la última versión cinematográfica de dos horas.


En busca de aunar estas dos ideas, y teniendo en cuenta lo citado sobre el amor, no pude evitar recordar a la escritora Británica: Jane Austen. Como profesor de Inglés, se que su lectura bien podría ser sugerida opcionalmente en mi unidad didáctica, o quizá un visionado en versión original subtitulada de alguna de las diferentes versiones en DVD, preferiblemente la brillantísima y fiel versión de la BBC de Orgullo y Prejuicio. Pero sea cual fuere la opción, debe realizarse una invitación previa a los alumnos: Sacar una conclusión crítica de lo que van a ver, sea cual fuere, ya sea a través de un cuestionario, o preguntas aleatorias, para propiciar un posterior debate en clase.


Elizabeth Bennet y sus hermanas en la versión de Joe Wright de 2005.


En este artículo, mi principal intención es demostrar como puede usarse una obra clásica, en este caso Orgullo y Prejuicio, para propiciar una reflexión sobre un tema de actualidad mientras que se practica la lengua inglesa.


Aunque parezca que el tema principal es el orgullo y el prejuicio, fácilmente ajustables a los protagonistas, son el asuntos de las relaciones entre hombre y mujer los abordados con gran detalle en multitud de ejemplos a lo largo de la historia. Cierto es que los tiempos han cambiado con respecto al matrimonio, pero puedo ver en algunas jovencitas, como las expectativas no lo han hecho, y por eso se que un ejercicio como este puede enseñarles a pensar de forma crítica y aprender de una gran maestra.


Elizabeth en la versión de Orgullo y Prejuicio de la BBC.


Todo el ejercicio, se basa en el contraste que Jane Austen, genial observadora de las relaciones humanas y amena narradora, nos expone a través de todas las parejas que nos va presentando. Son seis las parejas que conocemos, tres están bien y el resto no. Doy por sentado que la historia de las hermanas Bennet es conocida por el lector, y a quien la desconozca, le recomiendo encarecidamente su lectura antes de continuar la exposición de los personajes en este artículo.


La novela, comienza con el señor y la señora Bennet:


- El Señor Bennet tiene una actitud de total indiferencia hacia su mujer, es sarcástico, distante mientras su mujer habla sin parar y el permanece inalterable y parco en sus respuestas.


- La Señora Bennet solo parece preocuparle como casar a sus hijas con alguien mas rico y antes que sus vecinos. Guarda cierta importancia como esta pareja, sea la primera que muestra la historia y que además represente el primer fracaso matrimonial.



Sin embargo, oculta por los divertidos diálogos entre ellos, se esconde una trágica ironía, ya que no es nada agradable vivir una situación así en pareja. El vacío de carácter de la señora Bennet, su falta de decoro, snobismo y vulgaridad dejan caer entre líneas una pregunta: ¿Cómo ha podido casarse el inteligente señor Bennet con una mujer así, que además no parce tener un patrimonio? La respuesta, opino que es tan simple como esta: Solo por amor.



El amor únicamente, no es una buena razón para casarse. La autora parece criticar sutilmente, el amor repentino y la pasión. De alguna manera, también es triste para la señora Bennet, que incapaz de ver su propia miseria, quiere repetir la misma jugada que hizo ella, con sus hijas.


La segunda pareja que encontramos, también se une por motivos equivocados:


- Charlotte, la mejor amiga de Elizabeth, se casa siguiendo una visión pragmática del matrimonio, valorando sus opciones y convencida de que la felicidad conyugal es más una cuestión de suerte que otra cosa, como expone en su diálogo con Elizabeth. Todas sus expectativas se basan en poseer una propiedad y tener una gran casa con un cuarto solo para ella. A cambio de eso, es capaz de tolerar el resto.


- El señor Collings, solo desea casarse para obedecer a Lady Catherine de Bourgh. Su insensibilidad, ridiculez cómica, pomposidad y extraña mezcla de humildad y orgullo es equiparable a su falta de intelecto, gracias a lo cual, Charlotte conseguirá persuadirle para que se dedique a la jardinería y mantenerlo lejos de su vista.



Este segundo ejemplo, tan racional, frío e impersonal, deja una fuerte impresión al lector, que puede resumirse en una frase: Un matrimonio también necesita amor.


La unión de Lydia y el seductor Wickham es otro de los ejemplos a no seguir. Se sugiere la posibilidad de que no discutan entre ellos, y de alguna forma Lydia parece enamorada de él, pero la natural irresponsabilidad de ambos parece destinada a traerles en un futuro, infelicidad y falta de dinero. Su relación es tan precipitada, superficial e interesada, que el lector no tiene dificultad en imaginar que esta probablemente terminé en infidelidad o indiferencia.



Por otro lado, tenemos los matrimonios felices, aunque hay diferencias entre ellos:


El señor Gardiner, hermano de la señora Bennet, es sin duda diferente a su hermana. Él es un hombre culto y refinado. La señora Gardiner es una mujer tranquila y agradable, ambos comparten la afición por viajar y gustan de hacerlo juntos. A pesar de ser personajes sin demasiada relevancia, el retrato de su sinceridad y cálido afecto es palpable en sus diálogos cotidianos. Gracias a las pinceladas certeras de sus caracteres, nos parecen insinuar que están basados tal vez, en personas reales que conoció la autora.



El matrimonio entre Jane y el señor Bingley, aun cuando pueda parecer el más acertado de todos y sin duda perteneciente al segundo grupo de matrimonios, quizá necesite algo para ser perfecto...


El descubrimiento de nuevas obras literarias y acercar sus temas a los intereses de los jovenes de hoy, es uno de los principales objetivos de este ejercicio.


Jane es dulce, hermosa y alegre. Nunca piensa mal de la gente, aunque a veces parezca que su retrato esta algo idealizado. Sin embargo, Charlotte sugiere a Elizabeth que Jane es demasiado distante con Bingley. Unos pocos capítulos después, vemos como Darcy piensa lo mismo y esa languidez sosa o decorosa es la que quizá, genera el malentendido posterior. Bingley, es muy similar a ella en muchas maneras: es guapo, sociable, educado, excesivamente cordial y no es para nada orgulloso. Ambos son responsables, sus personalidades son parecidas y encima él es rico, lo cual evita enfrentamientos con la esperpéntica madre de Jane. Por ello encajan a la perfección, y además, hay amor entre ellos.



Por último tenemos la pareja de protagonistas, Darcy y Elizabeth. Al principio, el orgullo y el prejuicio parecen separarles, sin dejarles descubrirse el uno al otro tal como son. Esto otorga intriga e interés a la historia, hasta que poco a poco, ambos se muestran sus auténticas naturalezas gracias a ñas circumstancias. Y lo más importante, ambos deben aprender a lo largo de la historia, para encontrar la pareja perfecta.



La diferencia entre la pareja protagonista y el resto, es que ellos aprenden y evolucionan de su error. Nótese el contraste de reacciones ante el rechazo de Elizabeth, por parte del señor Darcy y el señor Collings. Uno lo toma como una ofensa, que afortunadamente no dejará huella gracias a su idiotez, y el otro lo encajará como una lección de humildad.


Hasta Marvel comics valoró como muy positiva, la adaptación al comic del clásico de Jane Austen, a pesar de ser un sello principalmente de historias de acción. Una copia de la novela gráfica, dada su fidelidad al libro, podría usarse en clase para acaparar la atención de los alumnos que estén interesados por la ilustración.


El capítulo final concluye muy hábilmente, con una sutil mención a los sentimientos de Jane, que 'siente' que siempre será feliz, mientras que Elizabeth confiesa a su padre que 'sabe' que será feliz. De este modo, entre el contraste de sentir y saber, vemos como el amor de Elizabeth ha sido enriquecido por una consciencia o entendimiento intelectual de sus sentimientos, que de alguna forma, lo sitúa como el más redondo del conjunto. Por ello, el final, sin ser sentimentalista, todo acaba felizmente para los protagonistas, y la historia empieza y acaba con matrimonios.


Los comentarios mencionados, son una base para orientar o enriquecer las aportaciones en clase. Estas opiniones mías, no deben ser impuestas a los alumnos, que deben encontrar entre ellos sus propias conclusiones.


Tras el debate en clase, que puede ser muy enriquecedor tanto para el profesor como los alumnos, es aconsejable que quede clara la importancia del amor y el matrimonio en toda la historia. Pues a pesar de las diferencias que nos separan con la Inglaterra del siglo XIX, debemos ser conscientes de que una vida conyugal plena es una meta para todos aun a día de hoy. Para unos será un premio y para otros un castigo de por vida; pero solo si aprendemos y como los protagonistas de esta historia, reflexionamos sobre los errores, propios y ajenos, tendremos más posibilidades de acabar como ellos.


miércoles, 3 de febrero de 2010

EL REINO DE LAS SOMBRAS


EL REINO DE LAS SOMBRAS Y OTRAS HISTORIAS DE KULL, REY DE VALUSIA, EXILIADO DE LA ATLANTIDA Y POSEEDOR DEL TITULO MÁS LARGO QUE HE VISTO EN UN LIBRO DE FANTASIA HEROICA.


Recientemente, he tenido el placer de recibir una nueva invitación de mi amigo Ambrosius, anfitrión y señor del castillo del cabo brumoso. Como siempre, he recopilado y repasado los tópicos de conversación que son más de su gusto, pues aprecio sobremanera su enriquecedora compañía y disfruto esforzándome en ilustrarle sobre los temas que se que le interesan; como algunos libros que leo, noticias, política, historia o cualquier asunto relacionado con el progreso del hombre; intentando además, buscar la posibilidad de competir con los vastos conocimientos que atesora y desafiar su excéntrica visión de la historia.


Imagen de Kull antes de convertirse en rey.


Ayer mismo, fue cuando conversamos hasta muy tarde en la noche, y pude compartir con él mis anhelos y preocupaciones. Cansados ya de hablar de lo divino y humano, de profundos problemas y tejemanejes de actualidad, se me ocurrió comentarle el ultimo libro que ha pasado por mis manos: Los relatos de Kull, rey de la Atlántida, escritos por Robert E. Howard alrededor de 1929. Cuando empecé a enumerar las diversas virtudes de la narrativa del hosco tejano, pude notar como Ambrosius iba apasionándose por momentos. Especialmente, cuando le comenté que supuestamente, dichas historias acontecieron hace unos 100.000 años y que Howard insinuaba que el fantasma de un bárbaro cimmerio, le narraba dichas historias bajo amenazas, para que no cayeran en el olvido.


Edición completa de las historias de Kull en America, algunas terminadas por los fans.


Sonreí, pensando que mi compañero entendería que todo era producto de un juego narrativo que buscaba su entretenimiento, pero Ambrosius me miraba cada vez más serio. Sentados cómodamente y suavemente amodorrados por el fuego de la chimenea, me levanté subitamente para arrojar otro madero a la lumbre, previendo que en breve, me pediría que le contara alguno de los relatos de aquel hombre misterioso, llamado Kull, señor de un reino de sombras.


Aunque sea una blasfemia llamar bizarras a las aventuras del rey Kull, la ilustración hace justicia al espíritu de sus hazañas.


Como imaginé, no tardó Ambrosius en solicitarme relatos y detalles sobre el asunto, por lo que comencé hablando sobre los pictos, los valusianos, las leyendas de la Atlántida… y los espejos de Tuzun Thune; con sus desconcertantes visiones. No omití detalles sobre las frecuentes conspiraciones a las que tuvo que combatir el rey de Valusia o la soledad del poder, que transpira en cada pagina, mezclada con sueños y sombras de otro tiempo.


Kull en los comics Marvel.


Todos los que hayan leído a Howard, sabrían que lejos de contar historias rudas de un bárbaro con taparrabos, su prosa es muy cuidada, con un deje de majestuosidad que roza en ocasiones un hermoso lirismo. Es cierto que aborda temas como el combate, la violencia y la búsqueda del poder, pero con una extraña delicadeza encubierta por términos vigorosos, sus palabras se convierten en un torrente que nos arrastra sin darnos cuenta, hacia el final del relato. Dejando siempre un extraño deje, de fuerza y melancolía.


Los espejos de Tuzun Thune, muestran imagenes fascinantes, quizá producto de la magia o tal vez... realidades mas allá de nuestro entendimiento.


Luego le hablé del fiel y salvaje Brule, del rígido y tacaño consejero Tu, de la gata Saremes y el viejo consejero Ka-nu, embajador y amante de la buena vida. Un sombrío escalofrío recorrió a mi invitado cuando le hablé de Thulsa-Doom, el nigromante adorador de la serpiente. De nuevo se estremeció cuando le narré lo que aconteció a Kull con el espíritu del silencio en el viejo castillo de Ramma o sus andanzas en el oscuro reino del lago prohibido.


Kull enfrenandose a la vieja raza de los hombres serpiente.


No se hasta que punto, impresionaron estas historias a mi camarada, que parecia revivirlas en su mente, o quizaá tal vez… le recordaran algunas otras que le causaban espanto. Solo al notar su nerviosismo, al relatarle los acontecimientos del reino de las sombras y la vieja raza de reptiles que habitan entre nosotros, su turbación creciente hizo interrumpir mi discurso. No me tenía por tan buen narrador, ni a Ambrosius como un oyente impresionable, pero donde fuera que su mente le llevaba empujado por mis cuentos, no me pareció un lugar agradable.


Howard rodeado por sus multiples y brillantes creaciones literarias: Solomon Kane, Conan, Sonia la Roja, Kull, Cormac...


Al notar mi preocupación, Ambrosius volvió en si, se disculpó y me sirvió una manzanilla con mucho hielo, como sabe acostumbro a tomar tras la copiosa cena con que suele recibirme. Tras un breve silencio, en que se perdió de nuevo en sus cavilaciones y no ose interrumpir, mi anfitrión me dijo, cuan asombroso era que esas historias provenientes de la imaginación o tal vez del relato de un alma en pena, se asemejaran tanto a algunas cosas que había escuchado y vivido en lugares remotos. Sonreí entonces, pensando que bromeaba, pero Ambrosius me respondió sin mostrar ni un ápice de divertimento o sorna en sus palabras, asegurándome que tal vez, algún día, seria él quien me sorprendiera con algunas historias que me asustarían de verdad.


Cubierta muy chula de una de las ediciones de Kull en los USA del año la pera.


Desconcertado por el rumbo que tomaba la conversación, asentí educadamente y tomé otro sorbo de manzanilla sin dejar de mirarle, mientras volvía a desviar su mirada hacia la lumbre y acariciaba una hermosa perla que siempre lleva colgada al cuello.


Aquí os pongo una de las dos estatuillas que le regalé a mi querido Ambrosius por su reciente hospitalidad.


Antes de retirarme a mi estancia en el castillo, Ambrosius me pidió que le consiguiera un ejemplar de aquellas extrañas historias que le había mencionado, a lo que asentí de buena gana aliviado por que realmente fueran de su gusto, y tras obsequiarme con presentes tan magníficos que no puedo mencionar por ahora, le entregué una copia de los 9 relatos del reino de las sombras, y un par de estatuillas de Kull; rey y guerrero, soñador y taciturno, violento y salvaje, solitario y noble. Un esclavo que persiguiendo el sueño de ser rey, descubrirá que el poder no es, sino otra cárcel con barrotes de oro; y el mundo, un lugar efímero lleno de humo y espejos.



Esta estatuilla del rey Kull en todo su esplendor, fue mi ultima aportación a la majestuosa sala de reliquias del castillo brumoso. No os creeriais cuantas maravillas hay recogidas en ese lugar...