Hemos salido de la oscuridad. No podemos conjeturar con seguridad una fecha, pero a partir de este momento, si tenemos Crónicas entre el año 5100 y el 3000 AC. Sin duda, esta época es terreno incierto para un estudio firme, pero si hay algo que caracteriza a Egipto, son sus tierras barrosas e inestables.

Dominada por los avatares del salvaje Nilo, muchos creen que en esta tierra surgió la primera civilización, aunque otros piensan que fue la Atlántida… pero esa, es otra historia. Es curioso que en Egipto, una tierra tan desagradecida e inhóspita, pudiera prosperar una civilización. El torrente que generaba sus subidas, inundaba prácticamente todo el país produciendo un fértil y jugoso barro, apto para el cultivo, especialmente de cereales. Allí encontramos una civilización muy madura ya desde el principio, lo cual ha despertado no poca controversia y la fascinación de muchos por el tema. Su inaudita habilidad arquitectónica, sus obsesión por la inmortalidad y la aparición de conceptos e ideas tan grandiosas, que sorprenden incluso al hombre de hoy.

La hipótesis más aceptada es la siguiente: previamente se procedía a aplanar el terreno rocoso, y excavar canales para inundarlos de agua y así poder marcar líneas de nivel con las que preparar una superficie horizontal. Después se rellenaban los surcos. A continuación se excavaba la cámara subterránea y se comenzaba la edificación. La mayoría de los bloques de piedra eran cortados en canteras próximas al lugar de construcción. Se transportaban otros de las canteras del sur del país con ayuda de gigantescas barcazas. Los bloques se colocaban a continuación sobre trineos y se arrastraban hasta su emplazamiento definitivo.
Tierra de faraones, comenzando por el Rey Menes y seguido por Keops (Jnum Juefui en Egipcio) creador de la emblemática y misteriosa Gran pirámide. Donde empezó poderosamente el germen del uso de las creencias 'religiosas' como forma de someter a un pueblo. Se pensaba que los Dioses una vez poblaron la tierra como reyes del hombre, aparecen en las pinturas con rostros animales ¿Os acordáis de las primeras pintadas del hombre primitivo de las que hablamos en entradas anteriores? Amón, Dios del Sol, Anubis cabeza de chacal del mundo subterráneo, Osiris con su esposa Isis...

Enormes moles mayestáticas y gigantescas de híbridos humanos y animales se levantaron en su honor, con templos monumentales acompañados de obeliscos, despertando la imaginación de las generaciones posteriores. La esfinge por ejemplo, se dice que vigilaba las pirámides sin cesar, otros piensan que es más antigua que estas. Aunque el debate está abierto a esta y muchas otras cuestiones, lo más curioso eran sus creencias sobre el alma. Se encontraba esta unida al cuerpo y por ello debía conservarse después de la muerte, y lo hacían bien, porque aun hoy no se han descompuesto.

Otras evidencias las tenemos precisamente, en sus pinturas. No eran proporcionales ni naturales, suelen estar rígidas y parecen planchadas. Pero muestran con detalle como cazaban patos, pescaban, como controlaban el desborde del Nilo, la forma en que hacían canales y arreaban vacas y cabras a los pastizales, moldeando ladrillos y ¡Soplando vidrio! También se aprecian escenas de muchachas jugando a la pelota, guerreros trayendo botines y esclavos negros. Todo esto muestra una superación con creces de los avances del hombre Neolítico. Sin contar un gran descubrimiento sin precedentes, sus signos sagrados: Los jeroglíficos y sus papiros.

Y tras este breve recorrido, volvemos a su logro más notable y enigmático, las Pirámides. Unos imponentes mausoleos para albergar al faraón, considerado un dios entre los suyos, que debía tener una morada acorde a su rango en la otra vida. La pirámide de Giza, equivale a un edificio moderno de 40 plantas, en la que sin ruedas ni poleas, ni grúas o máquinas de ninguna clase; un grupo indeterminado de obreros movió la friolera cantidad de más de dos millones de bloques, con pesos comprendidos entre las 2,5 y las 60 toneladas. Y no sólo eso, sin brújula, orientaron sus cuatro paredes a los puntos cardinales con una precisión pasmosa; sin hierro practicaron agujeros que parecen hechos con un taladro en los que al examinar las muescas se ve que a cada vuelta de torno profundizaban en el granito hasta doscientas veces más de lo que lograríamos nosotros hoy con un taladro con punta de diamante. Sin instrumentos ópticos, orientaron algunos canales internos hacia la posición que ocupaban estrellas como Sirio, Zeta Orión o Alfa del Dragón, muy importantes en la religión egipcia.

Esos y otros detalles evidencian que los constructores de la Gran Pirámide poseían unos conocimientos científicos que los expertos dudan en conceder a los primeros egipcios ¿Entonces a quién? Aquí empieza el misterio... La falta de pruebas concretas sobre la autoría de este monumento ha dejado terreno abierto a la especulación. Atlantes, extraterrestres... las tres grandes Pirámides están distribuidas de manera idéntica a las tres estrellas del "cinturón" de la constelación de Orión ¿Quizá de allí venían sus Dioses? Hay gente que ha ido aun más allá y la ha asociado a la de Teotihuacan, con la que de forma inaudita, comparte un igual basamento. Si a ello añadimos la leyenda Azteca de Quetzalcóatl, su misterioso símil Maya Pakal o el Inca de Manco Capac, la cosa se complica. Aparte, las casi imposibles coincidencias astronómicas o portentos matemáticos ¿Sabíais que el perímetro de la pirámide dividido entre el doble de su altura equivale a 3,1416…? ¡El número pi!

Y ya para añadir aun más especulación, ¿Sabíais que hay en la Gran Pirámide un corredor con pinturas rarísimas que parecen ser una profecía de toda la historia del hombre? Esta cerrada al público, pero hay fotos, buscad algo de Rodolfo Benavides.

Pero olvidando lo especulativo y volviendo a lo puramente histórico, lo más característico de ellos era su respeto a las costumbres. Todo lo antiguo era sagrado. Aparte de una revuelta y el lapso del faraón Eknatón, que estableció el culto monoteísta al Dios Sol, cambió su palacio y se interesó por las nuevas ideas y el movimiento en la pintura. Nada cambiaba. Todo volvió a ser igual que en los tiempos de Menes al morir Eknatón. 3500 años de estatismo en la civilización más duradera del mundo. Pero este fue el principio de su fin, porque si algo hay que no cambia en la vida, es el cambio. Y así, poco a poco, amparados por la sombra de Egipto, igual que estos lo hacían en las cuencas del Nilo, brotaron otras culturas.
Próximo capitulo, llega la competencia...
